
Y pensar que todo seria distinto si tú estuvieras. Si aun respirases tu aliento sobre mi rostro infantil, quizás si la muerte con su gélido soplo no te hubiese seducido, tal vez, tal vez yo podria estar en casa, tal vez ella seria feliz….
Como si la felicidad existiera en un universo que desconozco, un paisaje que solo existe en mis recuerdos ya casi borrados por el vacío que dejo tu ausencia, por el vacío que se ha llenado por gritos silenciosos entre copas rotas.
Entre el llanto cotidiano de una esfera de incomprensiones y replicas mutuas, de los sismos de nuestras existencias compartidas….
A trescientos kilómetros, conservo aun la cabeza sobre mis hombros y eso no podré evitarlo… por mas que me vean los sabios arcanos de la sabiduría de esta mente maltrecha por las marcas de tu dolor, de su dolor, de nuestras heridas que se cangregan asesinando los pocos afectos que nos perpetúan ligados.
Las mareas que me perturban, la lluvia que debiese limpiarlo todo, no alcanza para limpiar el barro de nuestra historia.
Porque no lo sueltas…
Porque no abandonas…
El miedo te acorrala, el dinero te corrompe, como una concubina dolorosa, que se auto perpetúa un sufrimiento innecesario, pero suficiente para darle sentido a tú vida pobre de imágenes y de sueños.
Te compadezco, y me torturo, porque te amo y sin poder dejar de hacerlo, me convierto en una aprendiz de prostituta, que sempiternamente multiplica esta cadena que nos ahorca en un nudo implacable en nuestras gargantas muertas.
En nuestras bocas sangrantes, en el silencio de lo indecible.
En la agonía de lo imperdonable.
Hasta cuando madre… hasta cuando me ahorcarás con tus nudos umbilicales , con tu alimento de hiel y de amargura.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario